De Maduro a verde, una realidad distorsionada

Antes de la llegada al poder del abyecto régimen dictatorial y sus seguidores, nuestro país junto a otras naciones de América lideraban los índices de obesidad en el continente.
El poder adquisitivo, el incremento de la producción nacional, la diversidad de empleos, la inversión extranjera y las mejoras sociales, siempre fueron factores que favorecieron la calidad de vida del venezolano, lo cual denotaba que nuestra economía era medianamente estable y próspera.
En esa época de bonanza que tanto añoramos, quien tuviese una “orquídea” (billete de Bs 500) en su bolsillo podía realizar fácilmente la compra mensual para su grupo familiar, y hasta se contaba con el remanente para gastos extras sin llegar a tocar la mitad del sueldo básico.
Las estadísticas actuales indican que el salario devengado solo alcanza para comprar un kilo de queso blanco, demostrando que la dictadura cumple cabalmente el genocidio silencioso planificado.
Ante nuestros ojos vemos desfilar diariamente a familiares y amigos con una desnutrición tan avanzada, que casi pueden emular las dantescas imágenes de las víctimas del Holocausto.
El abandono de cadáveres en las morgues de los hospitales forma parte de la nueva estrategia de un sector, ante la nula posibilidad de inhumar a sus seres queridos por los altos costos del velorio y posterior sepelio. La única diferencia que existe con respecto a África, es que los buitres no pueden comernos porque no tienen la llave de dichos sanatorios.
Mientras continúa este lúgubre festín impuesto por los comunistas y, refrendado por los pocos políticos que dicen ser parte de la moribunda MUD, el “colombiche” se aprecia cada día más mantecoso en televisión, lo que hace pensar que no forma parte de esa población en penurias que padece la falta de efectivo, alimentos y electricidad.
Se comenta que el descontento ha llegado a los cuarteles donde también puede apreciarse los horrores de la catástrofe socialista. Sin embargo, no sabemos si se trata de la crisis generalizada o castigo del Creador debido a las injusticias y crímenes cometidos contra cada uno de los hermanos venezolanos.
Esperemos, pues, que un milagro ocurra antes que el impostor termine de defecar sobre Venezuela y continúe limpiándose las cuatro letras con cada uno de nosotros.

Prof. Daniel Hernández Luengo
Escritor
dahlpahg@gmail.com / @danielovtsky