La economía de Italia crece, pero corre peligro con las elecciones

AFP/Archivos / Andreas SolaroUnos trenes, preparados en la Estación Central de Nápoles, en Italia, el 16 de febrero de 2018

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La economía italiana atraviesa un buen momento, con índices de crecimiento y previsiones optimistas tras la severa recesión de 2012 y 2013, pero la situación podría revertise después de las elecciones legislativas del 4 de marzo.

Por primera vez en siete años, la tercera economía de la zona euro creció: el Producto Interno Bruto (PIB) aumentó el 1,4% en 2017.

Sin embargo, ese resultado está por debajo del promedio de Europa de 2,5% y sobre todo está muy lejos del registrado en el 2008 con un 5,7%.

Para los economistas, el punto débil de Italia es su nivel de productividad, entre las más modestas de Europa, causada por una serie de factores, entre ellos la falta de crédito, problemas de capacitación y un clima poco favorable para los empresarios.

“Desde 1999, la brecha (de productividad) entre Italia y los mayores países de la zona euro ha crecido significativamente”, explicó Nicola Nobile, de Oxford Economics.

El PIB por hora de trabajo es un “25% inferior al de Alemania y Francia”, señaló.

Si bien el Made in Italy es considerado líder en muchos sectores, tales como la moda o el diseño, sus políticos no brillan por sus estrategias, sostiene Alessandro Iliprandi, gerente de la firma Bonaudo, una empresa especializada en cuero, sector clave para la península, ya que tiene a cargo el 65% de la producción europea.

– Empleos precarios –

“Por décadas reinó la inestabilidad política” y eso afecta “la vida de los empresarios en forma negativa”, asegura el empresario.

Entre los mayores obstáculos, que diariamente deben superar, menciona “la burocracia, la lentitud de la justicia y sobre todo los altos impuestos”, resume Iliprandi.

“Para salir de esa situación se necesitan decisiones drásticas”, asegura.

Algunas de esas decisiones han sido tomadas en los últimos años por los gobiernos de centro izquierda de Matteo Renzi y luego de Paolo Gentiloni.

Con éxito, ya que entre 2012 al 2017, Italia pasó del puesto 87º al 46º en el índice del Banco Mundial por la facilidad para hacer negocios, incluso si aún se encuentra por detrás de Rumanía o Moldavia.

El mercado de trabajo es más flexible ahora gracias a la reforma laboral impulsada por Renzi, la llamada Job Act, que facilita los despidos e introdujo bonificaciones en las cotizaciones sociales para las empresas que hagan contratos estables.

Por ahora es difícil medir su impacto real. Renzi asegura que gracias a la reforma se crearon un millón de empleos. Para los sindicatos se trata de empleos precarios y temen que se hayan autorizado muchos abusos en el sector laboral.

Para Roberto Pirotti, profesor de la Universidad Bocconi de Milán, se trató de una reforma “valiente y útil” para un país con una tasa de desempleo del 10,8%, y del 32,2% entre los jóvenes de 15 a 24 años, muy por encima del promedio de los demás países de la zona euro.

– Plan industrial 4.0 –

AFP / Thomas SAINT-CRICQEl rango de Italia en el seno de la UE

El impuesto a las ganancias empresariales fue reducido en Italia del 27,5% al ​​24%. A pesar de ser una tasa más baja de la de Francia (33,3%), está por encima de la de Reino Unido (19%) y muy lejos del 12,5% ​​de Irlanda o el 9% de Hungría.

Giovanni Lombardi, director de la empresa de consultoría Tecno, especializada en ahorro de energía, el plan industrial 4.0 lanzado en 2016 por el gobierno, “alienta a las empresas a invertir en digitalización y automatización”.

“El mercado está completamente polarizado: las empresas que no han invertido en innovación y nuevas tecnologías están por fuera de la carrera, mientras que las que lo han hecho galopan”, cuenta.

Nobile teme que el próximo gobierno, gane quien gane, no siga impulsando las reformas, como la simplificación de la burocracia.

La mayoría de los partidos ha prometido durante la campaña electoral numerosas reducciones fiscales, lo que podría desestabilizar las cuentas internas y aumentar el déficit público y la deuda, la segunda más alta de la zona euro (131,6% del PIB).

Dada la incertidumbre política frente a las elecciones y a la posibilidad de que el país se sumerja en largas negociaciones para formar el próximo gobierno, muchos consideran que se corre el riesgo de perder la confianza de los mercados y las finanzas.