De los escenarios cantados

Luis Barragán

Hay escenarios suficientemente predecibles que, sentimos, no cuentan con el interés de una ensimismada dirigencia política. El diálogo, por cierto, uno de ellos, concitó hasta el entusiasmo de quienes, cuales Chamberlain de ocasión, se dijeron desbaratadores de una guerra mundial por la sola exhibición y vistosidad de sus conocidas habilidades, incluyendo a los que desearon hacerlas conocer en un trance inaudito de autopromoción.

Disculpándonos por la digresión, ante la legítima solicitud de una votación nominal en la sesión en la que la fracción parlamentaria del 16 de Julio negó todo apoyo al tal diálogo de República Dominicana, formulada por el diputado Juan Pablo García, respondió el presidente saliente, diputado Julio Borges, con un comentario que a él mismo lo descolocaba. Palabras más, palabras menos, dijo que ojalá pusiera igual empeño en luchar contra el gobierno como solicita la moción, pretendiendo desconocer la postura y el  testimonio de lucha del representante monaguense.

Así como se veía venir, por ejemplo, la decisión del Secretario General de la ONU, remitiendo el caso esequibano a la Corte Internacional de Justicia, recientemente adoptada  luego de transcurrir el plazo de un año universalmente conocido, hay otras situaciones que prometen una mayor conculcación de nuestras libertades. Una de ellas, paciente y maliciosamente encaminada, se refiere al destino de las universidades autónomas.

Semejante a la realidad que está confrontando la Universidad Simón Bolívar, con un vicerrector adedado por la dictadura que trabaja en su implosión definitiva, de un momento a otro la Universidad Centroccidental  Lisandro Alvarado (UCLA), tendrá un rector madurista pasándole por encima a todo lo que diga o establezca  la Constitución de la República, cuya vigencia es motivo suficiente del pacífico  combate ciudadano. No es ni será ridículo pensar en la cercana apuesta que se haga respecto a la UCV, ULA, LUZ y cualesquiera otras casas de estudios, añadidas las privadas.

En la medida de nuestras posibilidades, hemos llamado una y otra vez la atención sobre tan grave asunto y, por más cantado que sea el escenario, otras cosas suscitan el interés de una dirigencia con la que también debemos lidiar, además del régimen que, como tal, la estimula no sin un dejo de morbosa diversión. O, ¿acaso debemos esperar a la entera realización de los acontecimientos, sin la más elemental previsión, para luego quejarnos y clamar por una rebelión de 30 millones de venezolanos cuando sea tarde, excepto se reciba la concesión graciosa de una validación partidista?