“LA ESQUIZOFRÉNICA CAUSA POLÍTICA”

Cuando la desgracia llama a la puerta y ésta entra, llega escoltada de un ejército subversivo, de represión sistemática, que desarticula toda posibilidad cognitiva del ser humano y se relega al inconsciente, provocando efectos perversos de bloqueos o conducta irracional que, sin duda, aumenta la crisis del conflicto.

Los venezolanos llevamos casi dos décadas sometidos a una profunda transformación conductual obtusa, cuya faceta más notoria ha sido la dependencia absoluta hacia el acrático régimen; permitiendo que un grupo cada vez más reducido vea al Estado “dentro de su ignorancia” como un mal necesario, o como los verdaderos dolientes de la clase obrera.

Bajo la perenne sujeción, han logrado ejercer un morboso dominio que ha menoscabado la dignidad de manera magistral, además de hacer responsable a otros de los fracasos en la ejecución de los resultados obtenidos en la ínfima gestión socialista, que se ha convertido en el proveedor principal de miseria en la población.

Gracias a esa demoníaca coacción instrumentada quizá como catarsis, donde la violencia desmedida impera en el diario accionar por parte de los cuerpos de seguridad, aunado a la hambruna y el sinfín de problemas que van en aumento; se hace presente otro enemigo que va cobrando fuerza en la medida que hace estragos de manera silenciosa, sin importar condición social, raza o sexo; su nombre: la esquizofrenia.

Esta devastadora enfermedad ha proliferado rápidamente entre los habitantes, incluyendo ciertos líderes activistas, trayendo consecuencias nefastas para el desarrollo del país.

Con sus caras bien lavadas, estos enajenados transitan por las distintas calles de las principales ciudades ofreciendo, dividiendo, pactando o alcahueteando los negocios ilícitos de los corruptos en busca de la tan anhelada comisión.

A pesar que la enfermedad puede tratarse medianamente, resulta perjudicial para una sociedad ávida de verdaderas soluciones pensar, que esos mequetrefes continúen ocupando el puesto sin garantizar una necesaria solución mediante la vía más expedita.

Recordemos que los especialistas afirman que la enfermedad no tiene cura. Y el único demente confiable, recordado con cariño y quien además fue vital para que los españoles no siguieran a Bolívar en su cruce por Los Andes, según el poema de Andrés Eloy, fue la “Loca Luz Caraballo”.

Que Dios tome el control de Venezuela.

Daniel Hernández Luengo

Coordinador de Historia y Rescate Patrimonial

de la Biblioteca Virtual de Maracaibo “Randa Richani”

dahlpahg@gmail.com

@danielovtsky