El dirigente político y la vocación de estudio

Luis Barragán
La política es uno de los oficios universalmente más exigentes y también sorprendentes, pues el oficiante pocas veces puede prever los retos que lo mantendrán en vigilia y tensión por un largo tiempo. Cualquiera sea el nivel de desempeño, puede que su vocación, preparación y experiencia apunte a una determinada faceta de la realidad, ofreciendo un mayor e inadvertido  testimonio de trabajo en otras muy distintas.
El dirigente político originalmente tendrá una mayor inclinación por los problemas vecinales, agrícolas y sindicales, por ejemplo, pero de acceder a responsabilidades de representación pública, incluyendo las que tenga en el movimiento o partido de adscripción, dedicará un mayor tiempo a otras materias quizá antes insospechadas.  Es el concejal o el parlamentario que pasa de atender las cuestiones urbanísticas a la de los impuestos municipales, las cosechas de cualquier rubro a la del transporte público, o la petición de los contratos colectivos a la discusión de las políticas arancelarias.
Todo depende de las coyunturas que vive y justifica esa representación, como del destino que le depara el trabajo edilicio o parlamentario, pues, mal puede extenderse en las complejidades del derecho municipal, cuando todos sabemos que la noción misma del cabildo sufre hoy una dramática crisis existencial,  o en las del derecho presupuestario, cuando la tal constituyente ha usurpado las atribuciones de la Asamblea Nacional en la materia. Todo dependerá de las circunstancias específicas que el oficiante  – además – padezca, ya que tendrá que galopar sobre ellas en atención a la inmediata demanda de la ciudadanía.
El asunto estriba en la necesidad no  sólo de atender en la práctica los problemas más acuciantes del momento, sino el de estudiarlos, como suele ocurrir con el parlamentario que se preparó para afrontar temas muy diferentes a los que la rutina le impuso. Sin ir más lejos, disculpándonos por el tono personal, la primera vez que ocupamos nuestra curul lo hicimos con el propósito de reformas las leyes militares para constitucionalizarlas, pero – en lugar de la Comisión Permanente de Defensa, destino natural – nos enviaron sucesivamente, en el pasado período legislativo, a las comisiones de Cultura, Política Exterior y Administración y Servicios, por lo que le dispensamos una mayor y pormenorizada atención al debate del Proyecto de Ley Orgánica de Cultura, el Esequibo y el comercio electrónico.
Objeto de una posterior reflexión (http://www.estudiosconstitucionales.com/REDIAJ/REDIAJ-8.pdf), intentando conjugar los saberes técnico y político, no hubo otra opción que la de estudiar, como bien lo señaló Simón Alberto Consalvi en una larga entrevista concedida a Simón Alberto Consalvi, al ilustrarlo con el caso del entonces senador Rómulo Gallegos que nunca improvisó sus intervenciones en las sesiones plenarias (“Contra el olvido”, Caracas, 2011). O, demostrando la inevitable versatilidad del dirigente político, el senador Arturo Uslar Pietri llegó a abordar temas como el del Proyecto de Reforma del Código Penal (“La palabra compartida”, Caracas, 1964), pues, aun siendo abogado, mas no penalista, debió asumir la materia esmerándose en aquellos aspectos que sólo la pausada y muy sensata reflexión autorizaba.