Carta a Nicolas: Cumplo 10 años con prohibición de salida del país.

Caracas 02 de diciembre de 2017.

Leocenis García

Señor Presidente, le escribo de manera serena , pero muy honesta.

Tengo, varitas récords desde que usted y su antecesor llegarán al poder: seis detenciones , seis huelgas de hambre en búsqueda de mi libertad, expropiación de mi grupo económico , así como una prohibición de salida del país desde el año 2007.

Además de eso, señor Presidente, tengo mi pasaporte cancelado, así como la imposibilidad de tener cuentas en mi país.

Estoy, prohibido en mi patria.

La libertad de circulación,  es un concepto  de los derechos humanos  por el cual toda persona tiene derecho a moverse libremente, ya sea dentro de un país o de un país a otro.

Dicho derecho, señor Presidente,  está reconocido parcialmente en el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos,  según el cual un ciudadano de un estado tiene la libertad de viajar y residir en cualquier parte del estado en el que a uno le plazca dentro de los límites de respeto a la libertad y los derechos de los demás, y a dejar ese estado y volver en cualquier momento.

Que este derecho se viole en la patria de Simón Bolivar, demuestra que ni se le conoce históricamente ni se le aprecia en su legado de libertad. Acciones como esas, que su Gobierno mantiene con un disidente, cuya afrenta es querer un país- porque esto no lo es- digno y lejos del hambre; es fascismo.

Mantenerme retenido, sin posibilidad de hacer vida política, y económica, nada significa para el país. Llevo diez años, con esta prohibición , y los problemas de este país siguen. Sigue  la misma clase en el poder, aplastando  a quien se alza en su contra; temiendo que vuelva a nacer Bolivar, lo plasman en un billete –el de menos valor– para que pase  de mano en mano, para que todos creamos  que lo tenemos; pero lo borran del derecho , lo borran de las paredes, de la música y; solo de vez en cuando, lo muestran como parte de una leyenda que pertenece al país que ya no somos.

Señor Presidente: Serenamente, tranquilamente, con la fuerza que atraviesa el espíritu de alguien que ha sido preso  por su voluntad y de la ideología que usted representa, le pido que ejerza su mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública, pero sobre todo para cumplir la ley, que usted hace catecismo vacío.

Respetar la ley, es no cometer atrocidades como las que se han cometido conmigo y mis hijas, desde quitarnos la casa y dárselas a un ladrón sacerdote, -NUMA Molina, creo que se llama-, para vergüenza de la Iglesia, hasta prohibirme a mi, en este país que me vio nacer.

El país necesita cosas más importantes que la fuerza del Estado se use para impedirme a mí, salir, buscar apoyos para esta poderosa fuerza de Prociudadanos que levantamos.

Impida, más bien Señor, la violencia y el hambre que azota Venezuela. Queremos la defensa de la vida humana, que se pierde en las bocanadas de nuestros hermanos, que buscan pan en los basureros públicos de nuestra nación.  Un espectáculo horrible.

En vez de esta fuerza ciega desatada, del odio, de la revancha, debe  aprovechar usted su cargo, la capacidad que tiene para obrar, y usarlo para beneficio del progreso de Venezuela.

Señor Presidente: Nuestro país está enlutado, entristecido, y golpeado, y el grito mudo de nuestros corazones solo le reclama: ¡que nos trate a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como quiere usted que lo traten!

Todo depende ahora de usted